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Si son del MOP, ya os podéis imaginar que son del gobierno anterior o lo que es lo mismo, no pertenecen al gobierno revolucionario. He observado las fotos con paciencia y detenimiento en busca de algo. He mirado los edificios, las calles, los coches, los autobuses, los jardines, los anuncios, la gente, intentando encontrar algo que no sé qué es. Quizá es algo raro de explicar, pero muchas veces me pasa que estoy buscando algo sin saber exactamente el qué. Puede que por aquello de que sólo el que busca encuentra, éste ejercicio incomprensible se haya convertido en un reflejo incondicional de la mente. La verdad es que no sé como he llegado hasta aquí. La primera vez que pisé Barcelona fue en el verano de 1990. La ciudad estaba en plena efervescencia por las olimpiadas; todo estaba patas arriba y a medida que se acercaba la apertura de los juegos la ciudad iba cambiando de rostro: se iba rejuveneciendo sin el efecto de cremas milagrosas que retrasan la aparición de las arrugas. Por supuesto que no era el efecto de un milagro sino de todos los componentes que forman parte de una ciudad: el poder político, económico y social, todos en aras de un fin común: conseguir las mejores olimpiadas de la historia y abrir una ciudad al mundo. Todos sabemos que lo consiguieron. Mis primeras impresiones fueron quizá la de una ciudad hundida en el caos, impresiones influenciadas por los propios habitantes que estaban hartos de tanta obra, tanto polvo y tanto desorden. Luego pasaron las olimpiadas y las situación mejoró considerablemente, pero muy pronto volvió el caos, volvieron las obras, las calles cortadas, las nuevas estaciones de metro y así hasta el día de hoy. Siempre obras para mejorar la ciudad. Con el tiempo aunque te hartes un poco de todo esto, comprendes que a pesar de que muchas de las obras públicas que se llevan a cabo no son de tu agrado, en su gran mayoría, son obras necesarias. Y ese cambio constante no es solo producto de la especulación de los poderes económicos o obras faraónicas de los alcaldes por dejar un legado histórico de su mandato político, sino también un reflejo de la capacidad de una ciudad por reinventarse a si misma y ser así el centro de destino de mas de diez millones de turistas al año. En definitiva es el reflejo de una ciudad rica, rica en todos los sentidos.
Ya se que para saber que La Habana antes del gobierno actual era una ciudad rica, rica en todos los sentidos, como lo es hoy cualquier ciudad del primer mundo, (este tipo de definiciones no me gusta, pero bueno espero que me lo perdonen), no hace falta ver las fotos porque para eso están los libros y las estadísticas. Pero no en vano dicen: que más vale una imagen que mil palabras. El gobierno de Batista pudo ser todo lo cruel que quieran, así y todo me atrevo a decir que algún día se tendrá que revisar el papel de este hombre en la historia de Cuba; Fidel ha sido más cruel aun y ahí está el legado de cada uno. Estas fotos, las mires por donde las mires, ves un organismo estatal dando empleo a cientos o miles de personas y transformando la ciudad, limpiando su cara, construyendo nuevos edificios, abriendo avenidas, erigiendo monumentos, plazas, jardines, centros deportivos, fuentes, y el de Fidel (¿?), qué nos ha dejado. Quizás después de tantos años fuera de Cuba mi mente sea incapaz de recordar alguna obra de envergadura social parecida a las que aprecio en las fotos, una obra que queda no para la gloria de los políticos, sino para el disfrute de sus ciudadanos. ¿Qué proyecto ha construido el gobierno de los hermanos Castro del cual mis compatrotas se sienten orgullosos? Si es que ni siquiera hay ministerio de obras públicas, solo existe el Ministerio de la Construcción que hizo escuelas en el campo, hospitales, un trozo de la 8 vías, Alamar, y aquí mi memoria se queda en blanco. El Palacio de las Convenciones construido para la reunión de los No-Alineados no cuenta porque ese edificio no es de uso social. Quizá el Parque Lenin construido en 1972, la ampliación de calle 3 en Miramar que llegaba hasta 60 y se prolongó hasta el Comodoro, y hablo solo de la prolongación porque los hoteles a pesar de las recientes "reformas" tampoco son de uso social.
Ojala me equivoque y alguien me pueda refrescar la memoria, porque pienso que las obras públicas de la revolución simplemente no existen. Alguna habrá además de las aqui mencionadas, el bidé de Celia por ejemplo, como fuente, sirve dentro de la categoría; pero es que me tengo que estrujar el coco para recordalas. Hay más, tiene que haberlas, al menos asi quiero creerlo porque si despues de 50 años no hay nada es para decir: apaga y vámonos que esto es una mierda. Menos mal que los corruptos gobiernos anteriores y en especial el del “cruel”, del “villano” Batista, nos dejó lo que heredamos, porque de lo contrario, hoy La Habana sería un desierto. Los que nacimos en la decada del 60 al menos vimos algo. Los que nacieron en los años 80 y 90 estos poca cosa habrán visto.
Deseo que alguno de ustedes me refresque la memoria....

más, pero siempre con mucho respeto porque sabemos que madre no hay más que una. Procuro hablar con la mía casi todos los fines de semanas, pues la veo una vez al año. Hablamos por internet como hace casi todo el mundo que quiere a sus padres y vive lejos de ellos. Hace unos días fue mi cumpleaños y mi madre con casi los noventa años encima me escribió estas líneas. A mi me encantó lo que escribió y por eso lo camparto con aquellos que me consideran amigo y parte de su preciado tiempo lo emplean en leer este blog.








spaña y acá por suerte hay mas de un sitio donde escoger antes que un MacDonalds; sin embargo, nunca mejor dicho porque aquí no hay ni embargo ni bloqueo, hoy he ido a uno de ellos y acompañado de mis dos hijos. A ellos no les entusiasma porque en casa practicamos el diversionismo ideológico para que no se acostumbren, pero tampoco les desagrada porque allá tienen regalos. Hoy han salido cada uno con una pelota. A lo que iba, mientras ellos jugaban y yo leía un novelón “El Ocho” de Katherine Nivelle, levanté la cabeza para encender un cigarrillo y observé como una chica acercaba una bolsita con las respectivas hamburguesas a un coche. Me pareció muy cutre la imagen y de golpe, porque estas cosas ocurren de golpe sin saber uno por qué, me vino a la mente el “Pingüino”. La primera duda es si se llamaba así o no el local, porque fue todo tan de sopetón que lo primero que te viene a la mente siempre es la duda. Pero luego en casa chateando con mi hermano de Miami que se acuerda de todo, absolutamente de todo porque es capaz de recitar de memoria las primeras diez páginas del listín telefónico de Cuba, a esos extremos llega, me confirmó que era el “Pingüino” y acto seguido me comentó: los bocadillos de queso que bueno eran. El jamón ya había desaparecido para entonces. Y recuerdo que allí uno llegaba y le ponían una bandejita que se ajustaba a las puertas de los antiguos coches americanos. Pedías tus bocadillos y bebidas y te lo servían todo en bandeja. ¡Que lujo! Como en los Picapiedras, solo que los bocadillos estaban racionados uno por persona, pero eran reminiscencias del capitalismo que habíamos dejado atrás y a todos nos gustaba. Mi padre siempre pedía uno más para Jaime, yo era un niño y preguntaba ¿Quién es Jaime papá? Y recibía un codazo del que estaba sentado al lado. Lo curioso es que traía el bocadillo de Jaime y ese nos lo llevábamos a casa para aprovechar el queso en unos espaguetis o algo por el estilo. Con los años supe que Jaime era el mayordomo y si el camarero sin rechistar servía uno más no era porque nos conociera, sino porque tenía reminiscencias y su instinto de profesional le decía que teníamos mayordomo. Pasaron los años y el “Pingüino” emigró, desaparecieron los bocadillos, las bandejitas, los camareros profesionales, todo. Uno pasaba por allí y con suerte te podías llevar una croqueta al cielo de la boca. Yo también emigré y me fui a Rusia a estudiar, entonces la benemérita Unión Soviética. A mi regreso fui a parar a una escuela secundaria justo delante del Pingüino que ya no tenia ni cartel. Seguro que no se deterioró sino que también emigró detrás de todos. Pues estaba allí un buen día tomando un café sin recordar nada de lo que me ha venido a la mente hoy y al cabo de un mes recibo una llamada de un gran amigo, más que amigo, hermano; y me cuenta que estaba haciendo unas prácticas de guerrilla clandestina en las ciudades y desde una hermosa casa justo al costado de la cafetería me espiaba o mas bien me reconoció, no recuerdo como lo dijo exactamente, me creo más lo segundo. Por desdicha la práctica de guerritas en la que estaba metido le impidió venir a darme un abrazo, tomar un café juntos y charlar como habíamos hecho en infinidad de veces en la ya desaparecida Unión Soviética. Y así tantos recuerdos de un lugar sólo porque los MacAutos de España, no se como serán en otras partes del mundo, son una bazofia comparado con los que nosotros sin conocer el capitalismo de servicios, heredamos del antiguo régimen o como decía Segundo Curtis, ex ministro de la década de los cuarenta que jamás abandonó Cuba: del gobierno anterior. La revolución tendría entonces unos treinta y tantos años y él seguía hablando del anterior gobierno. El distinguido ex ministro puesto que jamás perdió su elegancia, estaba más claro que el agua. Con esa pincelada de cinismo nos reconcordaba que el gobierno anterior tenía miles de defectos, pero podían ser corregidos al cabo de cuatro años en las elecciones. El actual gobierno de sucesión hereditario, con muchos más desperfectos que todos los anteriores, no se puede cambiar por medio del voto universal. Sabias palabras sin duda las de Segundo Curtis. En paz descanses.



